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"SUPUSE, AL OÍR MÚSICA DE CUERDAS, QUE POR FIN SE HABÍA ACABADO CON LA MISERABLE IDEA DE QUE LAS MUJERES, SOBRE TODO LAS DEDICADAS AL ARTE, ESTABAN IRREMEDIABLEMENTE CONDENADAS A LA LOCURA"
Mariana Hartasánchez Ciudad de México, 1976
Antes que el sentido, nace la palabra, y ésta es en su origen demasiado juguetona y obstinada como para dejarse encerrar en significados únicos o interpretaciones definitivas. Su mansedumbre solo se logra gradualmente, a fuerza de masticarla hasta ver apaciguados los ánimos de revuelta. La primera vez que oímos una palabra, estamos a merced de su naturaleza lúdica y ambigua. De esto tengo pruebas irrefutables. Siendo niña, nunca dudé de que los "anticonceptivos" eran una especie de arma eficaz para contraatacar enemigos dialécticos anulando sus premisas, pero sobre todo sus conceptos. Y supuse, al oír música de cuerdas, que por fin se había acabado con la miserable idea de que las mujeres, sobre todo las dedicadas al arte, estaban irremediablemente condenadas a la locura. Pensé que en una casa de citas los intelectuales se reunían a citar frases célebres de sus autores predilectos. Debo aceptar que, aunque he crecido (si es que crecer implica acumular tiempo y restarse vida) sigo convencida de que no hay nada más gozoso que la subversión lógica de la que es capaz una palabra. Aún pienso el mundo como un mecanismo articulado a partir de la multiplicidad interpretativa. Y si he buscado transitar la diversidad del discurso, ha sido porque me seduce una eterna paradoja: La palabra es cuerpo de las ideas, y como tal, está a veces obligada a vestir de etiqueta; pero es también bufón de sí misma, y al tender ese entrañable lazo con el sinsentido se vuelve inagotable y polifónica. Al principio era el verbo. Fuera de la palabra no estamos, ni Dios ni nosotros. Es en ella donde nos soñamos como seres de sentido. Agradezco a quienes logran que se perpetúe la búsqueda y el juego, a quienes hacen posible que sigamos redescubriendo la palabra. Gracias, sobre todo, por creer en la literatura, pues para muchos no hay más forma de vivir que vivir en ella.
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