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"Cuando me quedaba solo llenaba la cama con figuras de santos para ahuyentar el coro de pésimo agüero"

Audomaro Hidalgo
Villahermosa, 1983

Vengo del Sur.
   Ahí el aire caliente te oxida la carne y el calor hace del cuerpo su mejor alimento. El invierno sólo existe en el corazón de los necesitados. Crecí con ventarrones y tardes de aguacero, con historias de creciente que me contaba mi padre. En ese tiempo él era el único doctor del pueblo. De pequeño mi madre me leía el salmo 91 cuando la angustia se anidaba en mi pecho. Cuando me quedaba solo llenaba la cama con figuras de santos para ahuyentar el coro de pésimo agüero. Las campanadas de una iglesia, que ahora es esta palabra, acompañaban mis pasos cuando volvía de la escuela a las seis de la tarde. Alguna vez escuché el granizo extranjero sobre las láminas de mi casa. He habitado casas grandes, casonas como dirían los viejos. Casas de largos pasillos que en silencio duelen como pesadas puertas de monasterio. En mis manos tengo muchas ausencias, porque la tierra reclama siempre sus huesos para que las flores amanezcan.
   Vengo del Sur.
   Una noche blanquísima en la cordillera de Los Andes viví el fin del mundo. De ese Sur guardo postales de cartoneros que recorren las ciudades, guardo fotos de un desierto de rocas y pueblos que no pertenecen a ninguna geografía. Recuerdo tardes de costanera junto a una mujer que no me recuerda. En ese Sur la tierra es tan verde, y los árboles dan sombra a los desamparados. Ahora, en este altiplano náhuatl, donde las distancias son infinitas y las horas no tienen fin los fines de semana, en esta ciudad con miradas que ignoran mi rostro y con rostros que ya no volvemos a ver, en esta ciudad donde se desconoce el nombre del prójimo, hay que llegar a casa dejando las estaciones solitarias del metro, la última moneda para el hambre del limosnero. Llegar sin prisa porque no hay alimento ni mujer para decir algo, o volver con la tentación de torcer el camino. En casa descubrir el arma, la mesa, las plantas. Porque en casa de los solitarios sólo hay ventanas para mirar hacia dentro, y una cama vacía para distraer el sueño con sus deseos.


"Dos poemas" (flm-pliego16.net)