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"Quizá lo único certero eran la risa y la mirada"Édgar Valencia Torreón, 1975No sé cuándo aprendí a mentir, cuál fue la primera mentira. ¿El llanto? ¿Los brazos que exigían lo inmediato? Quizá lo único certero eran la risa y la mirada. Sólo sé que aprendí un rumor de abecedario, frases construidas para mí; luego fue la misma respuesta apresurada entre los besos (siempre, sí, toda la vida...). No sé cuándo aprendí a mentir. Pero cuando empieza a repetirse lo que escucho, cuando no tiene sentido decir lo mismo cada día (hola, que te vaya bien, cuánto gusto) estos versos resuenan cuando escribo: Mis palabras son zapatos desgastados en tiempo de lluvias.
 Valencia ha obtenido los premios Internacional de Poesía Joven (Cáceres, Extremadura) y Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa
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